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Fact-Cheking

Las vacunas contra el covid-19 sí cumplieron con las fases requeridas para su aprobación

Un video en el que una médica argentina afirma que las vacunas contra el covid-19 no fueron sometidas a fases clínicas, que son las responsables de las variantes virales, y que los asintomáticos no existen, ha sido compartido más de 2.000 veces en redes sociales desde mediados de julio. Allí también atribuye a las vacunas efectos adversos que no han sido registrados. Pero esas declaraciones, que han circulado largamente durante la pandemia, son falsas, de acuerdo con literatura científica y expertos consultados.

“Hay que suspender la vacunación”, advierte la neumonóloga María Mirande en una entrevista emitida en el programa “La Mira en Vos” de Canal 13 CCC de Tucumán, Argentina. “La forma en que pueda llegar a terminar esto [la crisis del covid-19] es que corten la vacunación”, insiste.

La entrevista puede verse en dos partes (1, 2), y en total suma 20 minutos. Allí la médica describe a la pandemia de covid-19 como una “plandemia”, expresión utilizada por quienes creen que la crisis sanitaria fue fraguada para encerrar a la población y obligarla a vacunarse.

Mirande está habilitada para el ejercicio profesional de la medicina en la provincia de Tucumán.

Captura de pantalla de una publicación en Facebook hecha el 28 de julio de 2021

La secuencia también circula en Twitter (1, 2) y Telegram (1, 2).

A continuación, la verificación de las principales afirmaciones difundidas en el video viral.

Las vacunas son terapias génicas, hacen transgénesis y modifican el ADN: Falso

“El peligro de estas vacunas, que no son vacunas, es que al introducir una molécula de ADN puede en un futuro a largo plazo modificar el ADN de cada una de las personas que se ha vacunado”, asegura Mirande.

No es cierto que las vacunas contra el covid-19 modifiquen el genoma, ninguna tiene incidencia en el ADN humano, como ya ha verificado AFP Factual en numerosas oportunidades (1, 2, 3).

La afirmación de que las vacunas son “transgénicas” es falaz y parte de una incomprensión del funcionamiento de las vacunas de ARN mensajero (ARNm) de Pfizer/BioNTech y Moderna/NIAID, y de las vacunas que utilizan vectores de adenovirus, como la Sputnik V y la Oxford/AstraZeneca.

El objetivo de estas vacunas es lograr que el cuerpo fabrique la proteína “espiga” del SARS-CoV-2, que el sistema inmunológico reconocerá como “extraña”, induciendo la producción de anticuerpos. Ambos tipos de vacunas utilizan material genético del coronavirus, pero eso no tiene relación con la “transgénesis” a la que Mirande alude en la entrevista para sugerir que modifican el genoma humano.

En el caso de las vacunas de ARNm, ese proceso tiene lugar en el citoplasma de la célula, no en el núcleo, que es donde se encuentra el genoma. La idea de que una molécula de ARNm pueda «introducirse» en el ADN «va en contra del dogma central de la biología molecular», explicó a la AFP para una verificación anterior la genetista Jaen Oliveri, docente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Argentina.

“El ARNm, por definición, no se introduce en el genoma”, enfatizó Oliveri. “En las vacunas, el ARNm hace lo que habitualmente hace, y no lo que es biológicamente imposible. En este caso, expresa una proteína del coronavirus que será reconocida por las células inmunitarias para crear anticuerpos”.

Por su parte, las vacunas de vectores de adenovirus «llevan la proteína ‘espiga’ del nuevo coronavirus en la membrana de adenovirus, y de ninguna manera interfieren con el material genético de nuestras células», dijo a AFP Factual Javier Farina, director del Comité de Infectología Crítica de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva, para esta verificación.

“Esos adenovectores no tienen capacidad integrativa, es decir, no se incorporan al genoma sino que se mantienen en una estructura que se conoce como forma episomal”, explicó a su vez Federico Prada, director del Decanato de la Facultad de Ingeniería y Ciencias – UADE (Universidad Argentina de la Empresa). “Decir que la utilización de estos vectores supone una modificación o manipulación del genoma es erróneo”.

Además, Mirande atribuye el mismo fenómeno a la vacuna Sinopharm, del Instituto de Productos Biológicos de Beijing, hecha sobre la base de virus inactivado, una plataforma tradicional e histórica de fabricar vacunas.

Infografía de las principales tipos de vacunas contra el covid-19 ( AFP / John SAEKI, Aude GENET)

También habla de “terapia génica”, pero ese tratamiento tampoco tiene relación con las vacunas.

“La terapia génica es un procedimiento terapéutico que se ha intentado mayormente a nivel experimental”, dijo aquí a la AFP Juan Sabatté, médico y doctor en microbiología e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET, en Argentina. “Allí, a través de diferentes procesos de ingeniería genética [se intenta] insertar un gen de interés dentro del genoma humano”.

La supuesta alteración del genoma humano tras la inmunización fue incluida por los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos en su lista de mitos sobre las vacunas contra el covid-19.

Las vacunas solo se probaron en animales: Falso

“Nunca podemos pasar [por alto] el control clínico”, dice Mirande acerca de las fases necesarias para la aprobación de una vacuna. “De acá pasaron de ver los efectos en animales y directamente incolularlos a los humanos. Evitaron la fase clínica en humanos”, asegura.

La afirmación es falsa: todas las vacunas contra el covid-19 actualmente disponibles han pasado por la fase preclínica en animales y por las fases de ensayos clínicos en humanos.

El monitor de desarrollo de vacunas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestra en qué etapa se encuentra cada vacuna contra el covid-19, incluyendo las ya aprobadas para su uso de emergencia y las que están en estudio. Al 28 de julio de 2021 había 184 vacunas en desarrollo preclínico (que incluye ensayos en animales) y 108 en fases clínicas, es decir, transitando ensayos en humanos y su seguimiento.

Las fases que debe atravesar una vacuna antes de su aprobación son las siguientes:

Infografía sobre las diferentes etapas de desarrollo de una vacuna antes de distribuirla en el mercado ( AFP / John SAEKI)

Como se lee en este artículo publicado en la revista Nature en diciembre pasado, hay motivos claros por los cuales estas vacunas contra el covid-19 pudieron ser desarrolladas con velocidad: años de investigación previa sobre virus relacionados y sobre formas más rápidas de fabricar vacunas sumado a la, financiación que permitió a las empresas farmacéuticas e instituciones científicas realizar múltiples ensayos simultáneos.

Además, por la situación de pandemia, los entes reguladores estatales se movieron más rápido de lo normal, aprobando de emergencia las vacunas que demostraron eficacia y seguridad en estudios clínicos en seres humanos.

Los virus, al mutar, se “atenúan”: Falso

“Si no nos hubieran confinado, si hubiéramos circulado normalmente, sin barbijo, el virus se hubiera ido atenuando”, dice Mirande, señalando que esa habría sido la solución a la pandemia.

“No es cierto que las mutaciones sean necesariamente más ‘suaves’ que el virus original”, dijo en entrevista a la AFP la viróloga Vivian Luchsinger, académica de la Universidad de Chile. “Si los cambios que generan las mutaciones en los componentes del virus le dan ventajas, va a prevalecer sobre otros y se va a replicar. Pero si los cambios no lo favorecen, ese virus quedará en desventaja”, afirmó.

El virólogo Álvaro Fajardo, doctor en Ciencias Biológicas e investigador en el Laboratorio de evolución experimental de virus del Instituto Pasteur, Uruguay, coincide: “Las mutaciones se van dando al azar, pero cuando una le da una ventaja a un virus, se fija”. Detalló:

Las vacunas son responsables de las mutaciones y las variantes del SARS-CoV-2: Falso

La médica culpa a la vacunación masiva de que “el virus mute a una variante que podría no ser neutralizada por los anticuerpos”.

Esta afirmación es falsa. “Las mutaciones del SARS-CoV-2 y las variantes de preocupación que conocemos parten de un proceso natural y no son producto de la vacunación”, dijo a la AFP la viróloga Luchsinger.

De hecho, todas las variantes de preocupación actuales surgieron antes de que se aprobaran las primeras vacunas de emergencia, en diciembre de 2020.

Por ejemplo, India comenzó su campaña de vacunación el 16 de enero de 2021. La variante delta o B.1.617.2 fue detectada en diciembre de 2020 y el linaje del cual proviene, el B.1.617, ya había sido identificado en octubre.

“Las primeras detecciones de las variantes tanto de interés como de preocupación que vemos en este momento, incluyendo la delta, se realizaron antes de los procesos de vacunación en todo el mundo”, dijo a AFP Factual Carolina Torres, integrante de Proyecto Argentino Interinstitucional de genómica de SARS-CoV-2.

Con ella concuerda Álvaro Fajardo: “Todas las variantes de preocupación, alpha, beta, gamma y delta, surgieron antes de que se empezara a vacunar. Que después se hayan hecho más conocidas es otro tema. Al empezar a dispersarse y a copar una región particular estableciéndose como predominantes, es obvio que se hablará más de ellas. Pero habían surgido antes”.

Cuantas más personas infectadas haya en el mundo más probabilidades se le ofrecen al virus para adquirir mutaciones y, por lo tanto, habrá más posibilidades de que se genere una variante nueva, explicaron Torres y Fajardo.

El SARS-CoV-2 no ha sido aislado: Falso

Mirande asegura que “no hay ningún trabajo que diga que el virus está aislado. No existe”. Nuevamente, la afirmación es falsa.

El primer artículo científico en el mundo que dio a conocer el SARS-CoV-2, de enero de 2020, detalla cómo el virus se aisló de pacientes en Wuhan, China, para estudiarlo en cultivos celulares.

Sabatté, del CONICET, dijo a la AFP que sugerir que el SARS-CoV-2 no ha sido aislado es “insostenible”.

“Numerosos laboratorios en el mundo han aislado y secuenciado el genoma del virus SARS-CoV-2 y existen ya miles de publicaciones científicas analizando diferentes características del virus”, dijo. “En el INBIRS, nuestro laboratorio, hemos realizado varios aislamientos y hemos secuenciado el genoma de los virus purificados con el objeto de conocer a qué variantes corresponden”, destacó.

La idea de que el SARS-CoV-2 no ha sido aislado circula desde el año 2020 y AFP Factual ya la ha verificado en varias oportunidades (1, 2, 3).

Células que contienen el SARS-CoV-2 se observan bajo un microscopio en el laboratorio Stabilitech en Burgess Hill, Inglaterra, el 15 de mayo de 2020 ( AFP / Ben Stansall)

La proteína “espiga” que se genera tras la vacunación es una toxina que se extiende en todo el cuerpo: Falso

Para exponer esta idea, Mirande dice basarse en un informe de biodistribución de Pfizer, que ha sido malinterpretado, como AFP Factual explicó en esta verificación.

Dicho informe, en japonés, corresponde a un estudio en ratones, no en seres humanos, y no concluye que la proteína “espiga” generada por el sistema inmunológico tras recibir una vacuna de ARNm sea “tóxica”, ni que se extienda por el organismo causando múltiples daños.

“Este documento no demuestra en absoluto esa circulación de la proteína espiga”, señaló a la AFP el neurólogo Amane Koizumi, del Instituto Nacional de Ciencias Naturales de Japón. En cambio, «muestra la circulación y el tiempo de circulación en cada órgano de los lípidos inyectados [en ratones]«.

La idea de que las vacunas inciden en todos los órganos o células del cuerpo es falsa y también ha sido ya verificada por la AFP.

ADE y autoinmunidad: Falso

“Tengo varios pacientes que sufrieron enfermedad de ADE [Amplificación de la infección dependiente de anticuerpos]. Lamentablemente, de todos los pacientes que tuvieron ADE solo uno sobrevivió. Los demás fallecieron”, dice Mirande, sin ofrecer ninguna evidencia de lo que dice.

La amplificación de la infección dependiente de anticuerpos o ADE es un fenómeno que se da cuando los anticuerpos facilitan el ingreso del virus a las células, empeorando la enfermedad.

El doctor Nicolás Torres, investigador del Laboratorio de Inmunopatología del IBYME-CONICET, dijo a AFP Factual que el ADE no es algo que se haya observado con el SARS-CoV-2 hasta la fecha, ni en personas que generaron anticuerpos tras cursar la enfermedad, ni en vacunados.

“Si el ADE estuviera ocurriendo, uno vería que los millones de vacunados estarían pasándolo peor que los no vacunados al transitar la enfermedad. Y no es así”, dijo. “Es algo que aún está bajo investigación, pero a priori no parece estar ocurriendo”, explicó.

“Hasta el momento no se ha documentado ningún caso o indicio de ADE asociado con las vacunas autorizadas frente al covid-19”, escriben los investigadores del departamento de Enfermedades Infecciosas del King’s College de Londres José Manuel Jiménez Guardeño y Ana María Ortega Prieto en este artículo publicado el 15 de julio pasado.

“Si no se ha descrito ningún indicio de ADE en la fase preclínica (y lo han buscado mucho); ni en los modelos animales en que se han probado las vacunas; ni en ninguna fase clínica; ni se han descrito casos de ADE con más de 3.000 millones de dosis de vacunas administradas, ni con ninguna de las nuevas variantes identificadas… El riesgo real de que ocurra es muy bajo y hay cosas más importantes y peligrosas de las que preocuparse, por ejemplo, el virus”, destacan los autores.

Lo mismo puede decirse de las enfermedades autoinmunes que Mirande asegura que también están extendiéndose entre los vacunados: “Esta transgénesis (…) genera una reacción autoinmune”, dice.

El infectólogo Román Zucchi, del Sanatorio Sagrado Corazón de la Ciudad de Buenos Aires, refutó que las vacunas causen cuadros de autoinmunidad: «Una enfermedad autoinmune ya debería haberse visto en los efectos adversos de las vacunas o en los vacunados contra el SARS-CoV-2. Y no ha sido así», dijo.

Con él coincide Kenneth Witwer, profesor de Patología y Neurología molecular y comparativa en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins: «No hay evidencia de que ninguna vacuna contra el SARS-CoV-2 induzca autoinmunidad», dijo aquí a AFP Factual. Además, afirmó que con cientos de millones de vacunas administradas hasta la fecha en todo el mundo y a más de un año del comienzo de los primeros ensayos clínicos, «a estas alturas ya habría pruebas muy claras de dichos efectos secundarios. No las hay».

Una mujer recibe una dosis de una vacuna contra el covid-19 en Buenos Aires, el 23 de mayo de 2021 ( AFP / Alejandro Pagni)

“No existe el enfermo asintomático”: Falso

La afirmación de que no hay personas infectadas por covid-19 sin síntomas ha sido verificada por AFP Factual en varias oportunidades (1, 2, 3).

Un paciente asintomático es alguien que “se contagia de la enfermedad, pero no presenta síntomas de ningún tipo”, explicó a la AFP el médico inmunólogo Arturo Borzutzky, docente en la escuela de medicina de la Universidad Católica de Chile.

Esa ausencia de síntomas depende de múltiples factores como la edad y eficiencia del sistema inmunológico, entre otros, detalló.

En el sitio web de la Organización Mundial de la Salud se explica que las personas sin síntomas pueden transmitir el virus, pero aún no se sabe con qué frecuencia.

Los CDC también confirman la transmisión del virus de manera asintomática y que, no obstante, “los casos asintomáticos son difíciles de identificar y la transmisión es difícil de observar y cuantificar”.

Sin embargo, “hay muchísima evidencia que muestra que los asintomáticos y los presintomáticos pueden transmitir el virus”, dijo el virólogo Fajardo a la AFP.

“Evidentemente no lo transmiten con tanta eficiencia, porque al no tener síntomas no tosen o estornudan, pero se ha demostrado que pueden tener cargas virales suficientes para contagiar. Por lo tanto, frente a cualquier indicio de que la persona está infectada tiene que aislarse. Entiendo que es incómodo, pero es lo más prudente y lo mejor que puede hacerse para contener la enfermedad”, concluyó.

De acuerdo con dos estudios sistemáticos, uno que data de septiembre de 2020 en Suiza y otro de diciembre del mismo año en Australia, entre el 17% y el 20% de las personas con infecciones por SARS-CoV-2 no desarrollarán síntomas.

Ambos documentos coinciden en que los estudios sobre la transmisión asintomática deben continuar y en que, a pesar de que el contagio parece menor en comparación a la transmisión sintomática, las medidas de contención y prevención deben continuar vigentes.