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Inmigración

Israel, refugio de ucranianos y de rusos contrarios a Putin

Cuando los tanques rusos se adentraron en Ucrania, los cineastas Anna Shishova-Bogoliubova y Dmitri Bogoliubov sabían que tenían que irse de Moscú.

«Éramos los siguientes en la lista», afirma la pareja a AFP en su piso alquilado en Rejovot, una tranquila ciudad israelí 20 km al sur de Tel Aviv.

Una vez en la lista de los supuestos «agentes extranjeros», te enfrentas a una vida de «autocensura o, tarde o temprano, cárcel», asegura Bogoliubov, que en 2019 dirigió el documental «Town of Glory» con financiación alemana.

La película retrata cómo el presidente Vladimir Putin usa referencias de los combates contra la Alemania nazi para asentar su autoridad en los pueblos de Rusia.

Cada vez más aislado internacionalmente, el Kremlin ha terminado viendo con sospecha todas las películas con financiación extranjera y, según la pareja, las suyas no son una excepción.

«Durante los últimos años, nos hemos sentido amenazados. En los últimos meses particularmente, la gente nos espiaba y tomaba fotografías en nuestros platós de rodaje», afirma Shishova-Bogoliubova.

La pareja decidió seguir trabajando en Rusia pero, aprovechando su ascendencia judía, obtuvieron la ciudadanía israelí por si acaso.

La Ley de Retorno de Israel otorga el derecho a la ciudadanía a cualquier persona con al menos un abuelo judío, un criterio que cumplen decenas de miles de rusos y ucranianos.

– «Incompatible» con la guerra –

Desde el inicio de la invasión de Rusia el 24 de febrero, casi 24.000 ucranianos han huido a Israel, algunos pero no todos aprovechando esta ley, según las cifras del ministerio de Inmigración.

Además, unos 10.000 rusos han tomado el mismo camino, indicó un responsable de este departamento a AFP. «La mayoría son jóvenes graduados, de clase media urbana», indica esta fuente pidiendo no ser identificada.

Como los Bogoliubov, la lingüista moscovita Olga Romanova se había preparado para el día en que no se sintiera segura en Rusia.

Pidió un pasaporte israelí después de la anexión rusa de la península de Crimea en 2014.

«Siempre pensaba que algún día me reuniría con mis hijos en Israel, pero fue entonces cuando me di cuenta que las cosas iban mal en Rusia», dice esta mujer de 69 años en la casa de su hijo en las afueras de Jerusalén, rodeada de fotografías de sus nietos.

El estallido de la guerra en febrero «fue la prueba que necesitaba para irme lo más rápido posible», insiste.

«La guerra en Ucrania es incompatible con mi forma de pensar y mis valores morales. Me pone enferma», dice conteniendo las lágrimas.

– ¿Nuevo hogar o escala? –

La ola de inmigración desde Rusia y Ucrania en las últimas siete semanas es la más importante experimentada por Israel desde el colapso de la Unión Soviética a principios de los 1990, que llevó a cientos de miles a buscar un nuevo hogar junto al Mediterráneo.

«Aquí, nos sentimos seguros y podemos dormir en paz otra vez», explica Shishova-Bogoliubova, con una hija de cuatro años.

«Pero no sabemos si nos quedaremos, depende de nuestro trabajo. Ahora mismo, solo queremos vivir al momento y recuperarnos de nuestras emociones. Después, veremos», añade.

Serguéi, un violinista que pidió ser identificado con un seudónimo por miedo a represalias, dejó Moscú con su mujer pianista y sus tres hijos.

«No sabemos si nos quedaremos aquí. Probablemente iremos a otro lado», explica.

Incluso para aquellos que obtienen la ciudadanía, Israel es una tierra desconocida para los recién llegados, que difícilmente pueden esconder la nostalgia por su patria.

Romanova, la lingüista, encontró espacio en sus 20 kilos de equipaje para solo dos libros: una obra académica y una novela del famoso escritor ruso Mijaíl Bulgákov que siempre la acompaña en sus viajes.

«He perdido mi país. Me lo han robado. Fue tomado por Putin estos matones del KGB», dice con melancolía.

AFP