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Opinión

Por Pedro Pablo Peñaloza

Pedro Pablo Peñaloza
Pedro Pablo Peñaloza

Vista las reacciones de estos días, quizá hace falta destacar tres puntos:
1) Venezuela no es una democracia.
2) Desde hace al menos 16 años el chavismo «interviene» en la designación de los líderes opositores.
3) ¿Tiene la oposición la fuerza para obligar al chavismo a ceder?

Los expertos advierten que Venezuela pasó de ser un régimen autoritario competitivo a uno hegemónico con tendencias totalitarias. En cristiano: sin las mínimas garantías electorales. Para establecer un símil: con Chávez la inflación era 100%, con Maduro 1.000.000%.

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Igual ha pasado en materia de abusos y ventajismo electoral: de 100 a 1 millón. Nadie lo recuerda, pero en 2008 el chavismo inhabilitó a quien todos identificaban como la carta segura para ganar Miranda: Enrique Mendoza. Esto abrió paso a Capriles y el resto es historia.

¿Cómo llegó Ledezma a la Alcaldía Metropolitana en 2008? La inhabilitación de López llevó a buscar un sustituto que en ese momento era cuestionado por ser parte de la «vieja política». Al final, pese a las dudas, concentró el voto de la unidad y derrotó al chavismo.

La lista de ejemplos es extensísima, pero regresemos a 2024 y a la pregunta clave. La candidata de la oposición es María Corina. Fue ella la elegida en Primarias y quien goza de la legitimidad y el apoyo popular. Sin embargo, ya nadie reclama que se acepte su postulación.

Es decir, no se tuvo la fuerza suficiente para obligar al chavismo a ceder. Lo mismo está pasando con la candidatura de la profesora Corina Yoris, cuyo veto ha marcado el colmo del atropello, al extremo de que Petro y Lula lo rechazaron. Pero el chavismo se cierra en banda.

La negociación con el chavismo permitió pasar la candidatura de Rosales y mantener con vida la tarjeta de la MUD. De nuevo otra obviedad: el chavismo solo admitirá una candidatura que perciba débil y que genere malestar, división y desánimo en las mayorías que quieren el cambio.

¿Cómo responder a ese desafío? Si se tiene claro que: 1) No se está en democracia. 2) Que el chavismo siempre sabotea la escogencia del liderazgo. 3) Y que no se tiene la fuerza para obligar al chavismo. La opción que queda es trabajar con lo que se tiene con voto y unidad.

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Lejos de ser el gran líder o iluminado, aquí el candidato es la herramienta, el instrumento y el camino para que se exprese la única fuerza que tiene la sociedad democrática: el voto. Y si ese voto se manifiesta en avalancha, eso sí obligará al chavismo a repensar su posición.

Un eventual triunfo electoral no es visto como el punto de llegada, sino como el punto de partida para lograr la transición. Pero eso pasa por participar y alcanzar esa victoria en las peores condiciones que se recuerden en estos 25 años. Sin duda, no es el escenario ideal.

Pero es la realidad. Si esto es por una postulación, imaginen cómo será si el 28 de julio en la noche están perdiendo la elección… allí sí comenzará una negociación que muy seguramente no será ni cómoda ni agradable para todo el país. Ahora, para llegar a ese día la oposición tendrá que mantenerse en la ruta electoral, superar sus diferencias y ganarle al chavismo en su terreno. Nadie dijo que sería fácil.

 

Pedro Pablo Peñaloza