El diseñador de moda Efraín Mogollón comienza su jornada laboral en Venezuela rodeado de bocetos elegantes. Sin embargo, las filas de costureras que operan las máquinas de coser no confeccionan sus diseños habituales. En esta oportunidad, el personal dejó de lado las telas coloridas y los trajes de gala. Con rostros sombríos, los trabajadores ensamblan cubiertas de plástico oscuro destinadas a ser bolsas para cadáveres.
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Esta drástica decisión responde a la emergencia humanitaria provocada por los terremotos de hace dos semanas. Los fuertes sismos del 24 de junio causaron el trágico fallecimiento de más de 3.500 personas. Por lo tanto, el volumen de víctimas colapsó rápidamente la capacidad de los servicios de respuesta locales. El único detalle particular en las bolsas es una imagen grabada de Jesucristo junto al cierre.
El duro impacto de la tragedia sísmica en la costa de La Guaira
El cambio de actividad económica y social genera un ambiente muy complejo dentro del taller. El propio Mogollón ayuda activamente a cargar los paquetes plásticos en las ambulancias de la zona. Las entregas se realizan principalmente en Catia la Mar, una comunidad costera del estado La Guaira. Esta región cercana a la capital sufrió los mayores daños por los sismos de magnitud 7,2 y 7,5.
“Se siente una emoción completamente diferente al realizar este tipo de labor”, confesó el diseñador. “Sin embargo, nos llena de gran satisfacción saber que ayudamos a la comunidad desde nuestra pequeña plataforma”.
Mogollón conversó con los medios en una calle donde los edificios quedaron reducidos a escombros. Actualmente, las estructuras de concreto, ladrillo y cabillas retorcidas dominan el paisaje de la costa afectada. Por esta razón, la participación de los ciudadanos comunes se volvió indispensable para las labores de recuperación.
Civiles lideran las operaciones de rescate ante las fallas logísticas
Los habitantes de la zona han encabezado la mayoría de los operativos de salvamento terrestre. De igual manera, los vecinos reciben el apoyo de equipos de rescate profesionales de todo el mundo. El esfuerzo comunitario suma el trabajo voluntario de bomberos locales y de algunos batallones del ejército. Asimismo, la población civil canalizó las primeras donaciones de alimentos, medicinas y ropa usada.
La ayuda comunitaria resultó vital durante las horas críticas posteriores a los movimientos telúricos en La Guaira. No obstante, diversas organizaciones humanitarias globales señalaron deficiencias graves en la respuesta general del Estado. Por ejemplo, voceros del Comité Internacional de Rescate afirmaron que la asistencia no cubre la escala real de la necesidad. En consecuencia, las iniciativas independientes mitigan parcialmente las fallas logísticas en los refugios.
Sentido de propósito y resiliencia en medio del dolor colectivo
Dentro del estrecho taller, el equipo despliega grandes rollos de polietileno negro sobre la mesa principal. Los hilos de colores llamativos y los maniquíes femeninos permanecen guardados contra la pared del local. Mary Castillo, una de las costureras del equipo, ensambla estas bolsas de resguardo todos los días. La costurera asegura que la tarea ha sido dolorosa pero necesaria para afrontar el luto.
“La realidad actual del país nos genera una profunda tristeza”, comentó la costurera. “Por lo tanto, tenemos que seguir trabajando duro y hacer el esfuerzo para salir adelante juntos”.
En conclusión, la transformación del taller de costura refleja la resiliencia del sector privado ante las catástrofes. Por ende, la confección de insumos médicos sustituirá los desfiles de moda durante las próximas semanas de emergencia. El aporte del diseñador y sus costureras representa una muestra de solidaridad invaluable para las familias que perdieron a sus seres queridos.
